“Un dispositivo importante de control social que contiene la Kriss Rromaní, es lo que se denomina como marimé. El marimé no es otra cosa que el estado de impureza en que cae un hombre o mujer Rrom que desestructuran, ya se conciente o inconcientemente, la kintala. Para poder salir de ese indeseable estado de marimé, el infractor tiene que desplegar todos sus esfuerzos para resarcir los daños que su proceder haya podido ocasionar a toda la kumpania”

[PRORROM].

 

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Tiempos de Gitanos - Tradición Cultural y Religiosidad PDF
Escrito por PROCESO ORGANIZATIVO DEL PUEBLO ROM (GITANO) DE COLOMBIA, PRORROM   

PRESENTACIÓN

El Proceso Organizativo del Pueblo Rom (Gitano) de Colombia, PROROM, pretende con este ensayo romper con la invisibilidad que nos ha caracterizado en el país como pueblo tribal. Durante más de 500 años hemos hecho parte significativa y trascendental de América, a tal punto que hoy no se puede seguir escribiendo la historia de este continente sin la referencia obligada que se tiene que hacer sobre nuestra presencia. En el país vivimos desde la época de la dominación hispánica y son inobjetables los aportes que hemos realizado al proceso de construcción de la nacionalidad colombiana.

 

Ciertamente nuestro pueblo es la minoría entre los grupos étnicos que viven en el país, pero no por este hecho cuantitativo se nos puede excluír del mandato constitucional que declara que Colombia es un país multiétnico y pluricultural. Con esta cartilla el Proceso Organizativo del Pueblo Rom (Gitano) de Colombia, PROROM, busca que la sociedad mayoritaria --gadye--  se acerque a conocer algunos relevantes aspectos antropológicos, históricos y religiosos que gravitan alrededor de nuestra milenaria cultura, la que por el desconocimiento y por otros factores, no deja de ser objeto de estereotipos y señalamientos injustos, que impiden conocer los valores y principales características socioculturales de nuestro pueblo.

Esta cartilla habla sobre nuestro origen, cuenta la manera como llegamos a Europa y luego a América, refiere nuestras principales características culturales, habla acerca de los móviles que sustentan nuestra vida nómade y, en esencia, describe someramente elementos significativos de nuestra religiosidad propia.

Esperamos que esta cartilla sea un aporte de gran utilidad para seguir profundizando sobre el conocimiento de la diversidad étnica y cultural de Colombia y para ir edificando entre todos, una Nación en donde sea posible algún día construir una democracia de pueblos y culturas.

 

¿DE DÓNDE PROCEDEMOS LOS GITANOS?

Sobre el origen de los Gitanos, o Rom como es nuestra autodenominación, múltiples son las hipótesis que se han configurado alrededor de este hecho. Las pocas o inexistentes fuentes escritas no permiten conocer a cabalidad los pormenores sobre la génesis de nuestra cultura milenaria.

De acuerdo con las teorías históricas, antropológicas y lingüísticas más consistentes, el origen de los Gitanos se ubica en el norte de la India, y de manera más exacta en las regiones del Punjab y el Sind, lo que nos convierte en un pueblo de procedencia indoeuropea. A los Gitanos históricamente se nos ha asociado con la itinerancia. Ello sin duda  no es una invención sino una parte de nuestra identidad como pueblo diferenciado. Sobre nuestra itinerancia o nomadismo no existen precisiones históricas, y más bien se cree que esta práctica obedeció en primera instancia al hecho de huir de las guerras y las constantes invasiones que pueblos como los Mongoles y Árabes desataron sobre nuestros asentamientos y que en no pocas ocasiones estuvieron dirigidas a esclavizarnos.  Otras teorías hablan de nuestro no sometimiento a la estructura de castas imperantes en la India y, por último, algunos autores señalan que salimos de la península indostánica buscando mercados más prósperos para nuestras actividades económicas. Sean cualesquiera las causas de nuestros desplazamientos, lo único cierto fue que la diáspora emprendida por nuestro pueblo se produjo en el año 1000 de nuestra era y se orientó en diversas direcciones: unas hacia otras regiones de Asia y el Medio Oriente y otras a Europa y, posteriormente, a América.

La presencia de los Gitanos en Europa se produjo desde el siglo XV, año 1400, sobre todo en España. Previamente habíamos estado en la Isla Griega de Corfú --perteneciente al llamado Egipto Menor-- y en el propio Egipto, lugar al parecer donde tomamos el nombre de Egiptianos y hoy Gitanos como comúnmente se nos conoce en gran parte del planeta.  En España la hostilidad y la persecución contra nuestro pueblo no se hizo esperar. Allí los edictos y las leyes desde el siglo XV apuntaron a prohibirnos nuestras principales tradiciones y prácticas de vida.

La legislación en contra de los Gitanos desde el siglo XV no fue un fenómeno sólo de España. A la persecución se sumaron Alemania, Suiza, Holanda, Prusia, Hungría y demás países. Este ciclo de persecuciones que se inaugura desde principios del siglo antes mencionado, se produciría y se haría extensivo a lo largo del siglo XVI, XVII, XVIII y XIX. En el siglo XX ocurrió el porrajmos u holocausto, con el asesinato en masa de miles de Gitanos, 500.000 según las estadísticas más conservadoras, a manos de las hordas hitlerianas. Ésta persecución contra nuestro pueblo aún no para. En la República Checa, en la Ex-Yugoslavia, en Kosovo y en otros lugares de Europa la persecución y la violencia contra nosotros sigue siendo una constante. En los países de la América Latina la negación de nuestra misma existencia y la vulneración de nuestros derechos colectivos es el común denominador de nuestra historia.

IDEAS ACERCA DE LA HISTORIA DE NUESTRO PUEBLO EN AMÉRICA Y COLOMBIA

Nuestra presencia en América Latina, y en ese contexto en Colombia, es más antigua de lo que se ha creído. Según investigaciones recientes, nos encontramos en Colombia desde la época colonial.  De esta manera, al dato que menciona a cuatro Gitanos --Antón de Egipto, Catalina de Egipto, Macías de Egipto y María de Egipto-- como parte de la tripulación del tercer viaje de Cristóbal Colón en 1498, hay que incorporar otras referencias demostrativas de esa antigua trayectoria nuestra en este continente.

Pese a los persistentes intentos de la Corona española por controlar lo referente a la migración al llamado, equivocadamente, "Nuevo Mundo", el número de ilegales --o como se les denominó en la legislación de la época, llovidos-- que durante el primer siglo arribaron a estas tierras fue considerable, sobrepasando incluso al número de personas que ingresaron con autorizaciones y cumpliendo todos los requerimientos legales. Las estratagemas utilizadas por los llovidos para burlar los controles coloniales fueron diversas y de una creatividad infinita: iban desde el cambio de nombres y apellidos, pasando por la compra de autorizaciones falsas, hasta el hacerse pasar por criados de nobles y burócratas, o ingresar a través de las colonias de Portugal, Inglaterra, Francia u Holanda. Es de suponer que con estos artilugios lograron entrar no sólo extranjeros, Moros y Judíos, sino que personas étnicamente pertenecientes a nuestro pueblo llegaron al continente como llovidos.

Hay que destacar que parte de la legislación colonial de la época va dirigida contra los que son llamados "vagabundos". En esa dirección son abundantes las referencias a los problemas e inconvenientes que causan estos "vagabundos" que en grupos familiares iban de un lugar a otro, sin domicilio fijo ni trabajo conocido. Las descripciones que se hacen sobre los "vagabundos" se aproximan bastante a la vida itinerante y nómade de los Gitanos. Esto lleva a suponer que bajo el ambiguo término de "vagabundos" se encontraban los Gitanos de la época. También se pueden encontrar algunas referencias a los Gitanos en los innumerables juicios realizados por el llamado Tribunal del Santo Oficio, más conocido como la Inquisición. Bajo la Inquisición fueron torturados y quemados no sólo cristianos conversos --Moros y Judíos-- sino también varios Gitanos que se encontraban viviendo en estas tierras pese a las prohibiciones expresas que existían al respecto.

En la Nueva Granada --lo que hoy se llama Colombia-- existió un fenómeno que la historiografía ha estudiado bajo el nombre de arrochelados. Los arrochelados eran grupos de personas que vivían al margen de la legislación colonial y que habían logrado construir, de alguna manera, sociedades alternativas al sistema de dominación hispánica. Una de las estrategias de sobrevivencia de estos grupos fue la invisibilidad, que ha sido justamente la que hemos enarbolado los Gitanos para poder sobrevivir.  Recientes estudios históricos han puesto de presente una nueva visión sobre la época colonial que permite abandonar los estereotipos que se tenían sobre ella y que la definían como una época ordenada y tranquila. Al parecer la época colonial propició, en diversas regiones, un clima adecuado para la presencia de grupos nómades e itinerantes que hacía que los dominios coloniales de España se vieran atravesados constantemente por grupos de comerciantes, "vagabundos" y un sinnúmero de personas que se dedicaban a diversas actividades, diferentes a las relacionadas con el cultivo de la tierra.

¿Pero a qué se debe que las referencias históricas sobre los Gitanos en América Latina y en Colombia, sean muy pocas y a veces casi inexistentes?. Esa situación se debe a dos razones. La primera de ellas es que, dadas las incesantes persecuciones de que éramos víctimas los Gitanos en España (y Europa), los gobernantes hicieron ingentes esfuerzos por desaparecer hasta nuestro mismo etnónimo. Son varias las referencias en España, que evidencian que la Corona, en su afán integracionista y asimilacionista, prohibió expresamente la utilización del nombre de Gitanos o incluso el de Egiptianos. De otro lado, era lógico que si había taxativas prohibiciones de la Corona española para que los Gitanos ingresáramos y permaneciéramos en las colonias americanas, nosotros no tuvimos otra alternativa que refugiarnos en la invisibilidad. Es decir, nunca íbamos a manifestar que éramos Gitanos, pero por otro lado tampoco íbamos a permitir que nuestros valores identitarios desaparecieran, no sólo porque garantizaban nuestra sobrevivencia como grupo diferenciado, sino porque en determinadas zonas y poblados, alejados del poder colonial, el ser Gitanos nos podría eventualmente ser muy útil para el ejercicio de nuestras actividades económicas cotidianas y tradicionales.

Los Gitanos actuales, con nacionalidad colombiana casi la totalidad, manifestamos a través de la tradición oral que nuestra presencia en Colombia se remonta a mediados del siglo XIX. Esta información de la tradición oral es corroborada por las alusiones de viajeros extranjeros de la época que mencionan la presencia de caravanas de Gitanos que viajaban con cierta frecuencia siguiendo la ruta Caracas – Bogotá – Quito – Lima - La Paz - Buenos Aíres. Es importante señalar que hacia mediados del siglo XIX se dieron importantes migraciones a América Latina de personas provenientes de Rusia, Hungría y de otros países del este, que huían de las guerras que se escenificaban en esas latitudes. Es de suponer igualmente que escapando de la esclavitud que se estaba presentando contra nuestro pueblo en Europa del este entre 1856 y 1864, muchos Gitanos se arriesgaron a cruzar el océano y llegaron hasta América Latina.

El Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez recrea literariamente en su majestuosa novela "Cien Años de Soledad", algunos acontecimientos significativos de la historia del país, en especial de la región Caribe. García Márquez consideró que una recreación literaria de parte de la historia del país sin la presencia de los Gitanos sería muy incompleta e inexacta, y por ello nos ubica como protagonistas invisibles de su narración literaria, yendo de un poblado a otro, llevando instrumentos y artefactos desconocidos por ese entonces --mediados del siglo XIX-- en el país. Muchos de los grupos familiares Gitanos que vivimos actualmente en Colombia somos, de alguna manera, descendientes del gran Melquiades.

La presencia Gitana en América Latina y en Colombia, crece relativamente durante los años en que ocurrieron la primera y segunda guerras mundiales, en razón a que muchos grupos Gitanos huyendo de los horrores de la guerra y de las hordas nazi-facistas, llegaron a estas tierras siguiendo los pasos de los grupos que ya habíamos atravesado el mar desde siglo XIX.

ROMIPEN: LOS VALORES IDENTITARIOS DE NUESTRO PUEBLO

En Colombia los Gitanos vivimos en diferentes ciudades, algunas de gran tamaño y otras muy pequeñas. Los mayores núcleos poblacionales se ubican en Cúcuta (barrio Atalaya), Girón (barrio El Poblado), Bogotá, D.C., (diversos barrios de la localidad de Puente Aranda), Cali (barrio El Jardín), Pasto (campamento en Potrerillo), Itaguí (barrio Santa María), Fundación (barrio El Centro), Sampués (Zona Comercial)... entre otros.

Los Gitanos poseemos una romipen --identidad étnica y cultural propia-- que, sin ser exhaustivos, se caracteriza por los siguientes elementos:

- “Se es Gitano por derecho de nacimiento”.

- La larga tradición nómade y su transformación en nuevas formas de itinerancia.

- Idea de un origen común y de una historia compartida.

- Idioma propio, el romanés.

- La valoración del grupo de edad y el sexo como principios ordenadores de estatus.

- Fuerte cohesión interna y manejo de un complejo sistema de exclusividades frente al no Rom (gadye).

- Organización social basada en la configuración de grupos de parentesco o patrigrupos.

- Articulación del sistema social con base en la existencia de linajes patrilineales --llamados vitsa--  dispersos, independientes y autónomos.

- Funciones cotidianas de la familia extensa especialmente en lo que a actividades económicas se refiere.

- Vigencia de autoridades e instituciones tradicionales, como el Shero Rom  o Jefe de Familia, y la Kriss  o Tribunal de Shero Rom.

- Existencia de una Jurisdicción Especial o derecho consuetudinario, llamado Kriss Romaní.

- Respeto a un complejo sistema de valores: una fuerte solidaridad entre los patrigrupos, un intenso apego a la libertad individual y colectiva, un especial sentido de la estética tanto física como artística, una peculiar interpretación de los fenómenos naturales…

La romipen  de nuestro pueblo lo hace de hecho distinto a la sociedad mayoritaria. Justamente por ser un pueblo considerado siempre como diferente, es que hemos sido, a lo largo de la historia, objeto de incesantes persecuciones y víctimas de diversas políticas genocidas.

Dado nuestro nomadismo estructural es lógico suponer que los Gitanos no somos un pueblo homogéneo. Nuestra etnicidad esta caracterizada por una gran heterogeneidad de grupos, lo que no ha permitido que etnógrafos e historiadores se pongan de acuerdo sobre una verdadera clasificación acerca de nuestra composición étnica. Este óbice debe permitir tomar distancia crítica frente a cualquier clasificación que se pretenda aventurar. No obstante el etnólogo francés Jean Paul Clebert, hacia el año de 1965, elaboró una clasificación donde establece la existencia de tres grupos que reivindican su pertenencia al pueblo Rom, cada uno de ellos con una importantes subdivisiones: Los Cíngaros Kalderash, los Manuches y los Gitanos.

Siguiendo la clasificación anterior se puede decir que los Gitanos colombianos somos Kalderash, pertenecientes a diversas vitsa, entre las que se pueden mencionar las siguientes: bolochoc, mijháis, boyhás, jhánes, churón, bimbay, langos, bobokón, charapano, cháiko, lovari... Antiguamente estas vitsa correspondían a los apellidos que llevabamos los Gitanos, sin embargo por razones de estrategia de resistencia étnica los fuimos cambiando para adoptar otros apellidos. Es por ello que la mayoría de los Gitanos de Colombia hoy en día llevamos los siguientes apellidos castellanos: Gómez, Mendoza, Romero, Rivera, Flórez, Méndez, Cristo, Montes, Vásquez, Jorge y Miguel o en su defecto llevamos la vitsa Churón o apellidos originarios de Europa del Este, tales como: Demetrio, Yankovich, Miklos, Ivanov, Gomanovich... entre otros. Para los Gitanos es mucho más importante la vitsa y el nombre tradicional en nuestro idioma romanés, ya que los nombres y apellidos castellanos o de otro origen son considerados meras formalidades que hay que tener frente a las instituciones de la sociedad mayoritaria. Por ello al interior de nuestro pueblo la mayoría de los Gitanos son identificados por su nombre en romanés y por su pertenencia a una vitsa. Llamar a un Gitano por los nombres y apellidos que aparecen en los registros y documentos se presta a veces a confusiones puesto que son numerosos los casos de homónimos existentes.

En líneas anteriores se había mencionado que las causas del nomadismo entre los Gitanos no eran fáciles de precisar. Algunos hablan que salimos de la India huyéndole a las guerras y al hecho de no dejarnos someter a la esclavitud. Otros ponen énfasis en el hecho que nuestro nomadismo es un valor identitario fundamental y que no podría pensarse en los Gitanos sino asociándonos a esta importante práctica. En nuestros imaginarios los Gitanos también hemos elaborado, a partir de los mitos y leyendas, nuestra propia versión de la itinerancia que nos ha caracterizado durante siglos.

De esta manera un mito Gitano acerca de nuestro nomadismo señala que “hace mucho, mucho tiempo un Gitano viajaba con su familia. Su caballo era flaco y de patas endebles, y en la medida que la familia iba creciendo, le resultaba más difícil tirar de la pesada carreta. Este pronto se llenó tanto de niños que el pobre caballo apenas podía avanzar a trompicones por el camino sembrado de baches. A medida que la carreta daba tumbos, oscilando primero a la izquierda, balanceándose después a la derecha, las cacerolas y sartenes se iban cayendo, y de vez en cuando un niño descalzo daba con la cabeza en el suelo. Lo peor no era durante el día, cuando se podía recoger las cacerolas y los niños, sino por la noche cuando no se veía nada. En cualquier caso ¿quién podría llevar la cuenta sobre una tribu como esa? Y el caballo seguía recorriendo a duras penas su camino. El Gitano viajó por toda la tierra y ahí donde iba dejaba un niño tras de si: un niño, otro, otro y otro más (...) y así es como los Gitanos se dispersaron por todo el mundo”.

ALGUNOS ELEMENTOS DE LA RELIGIOSIIDAD GITANA

La historia de la humanidad se caracteriza por la existencia de diversas culturas, cada una de las cuales no sólo presenta un sistema de creencias y costumbres, con una lógica propia, sino que ellas reflejan una manera particular de ver y actuar frente al mundo. De esta manera, cada pueblo y cultura presenta una forma muy propia de comportarse ante la vida y la muerte, ante el  presente y el futuro, ante la alegría y la tristeza. Así los Gitanos no podíamos ser una excepción frente a este fenómeno, dado que nuestros imaginarios propios, o apropiados, tienen una explicación para concebir el origen del mundo y enfrentar todo lo relacionado con nuestra espiritualidad.

No puede decirse que los Gitanos tengamos una religión propia. Más bien hay que decir que hemos adoptado las religiones oficiales de los distintos países en donde vivimos. De ahí que se puedan encontrar Gitanos católicos, protestantes, ortodoxos o musulmanes según sea el caso. Los Gitanos preferimos mayormente realizar los rituales religiosos en nuestros propios hogares o en el contexto de observancias propias de religiosidades populares, con lo que manifestamos implícitamente un rechazo a la institucionalidad y formalismos de las iglesias. Dentro de lo que se podría denominar un catolicismo popular, las fiestas religiosas más tradicionales y significativas para muchos Gitanos de todo el mundo, son las peregrinaciones anuales, realizadas entre el 24 y el 16 de mayo a la costa mediterránea francesa, en honor a Saintes Maries de la Mer, y la de Saint Anne de Beaupre, realizada el 26 de julio en Quebec (Canadá).

En Colombia los Gitanos dividen su profesión de fe entre el catolicismo y diversas denominaciones evangélicas. Los Gitanos que se encuentran inmersos dentro del catolicismo consideran que el mito fundacional y que ha dado origen a la existencia de nuestro pueblo, es el mito bíblico de la creación donde Dios, como ser omnipresente y omnipotente, tuvo la capacidad de crear todos los seres existentes en el universo, incluido, por supuesto, todos los pueblos y culturas a partir de Adán y Eva. Hay que señalar que los Gitanos católicos, sobre todo las mujeres, no encuentran en la religión católica un obstáculo para el ejercicio de sus prácticas ancestrales de la adivinanza del presente y el futuro a través de la quiromancia o de la cartomancia, en tanto que las Gitanas que profesan la fe evangélica, casi siempre por prohibición expresa, terminan por alejarse de estas prácticas milenarias.

De otro lado, hay que señalar que el matrimonio, que hace parte de nuestra ritualidad, es un período crucial tanto para nuestra sociedad como para las personas que lo afrontan. Es, en principio, la posibilidad de aumentar el número de personas dentro del grupo y de procurar la inextinguible reproducción de nuestra cultura. Entre los Gitanos el noviazgo casi que no existe. Un joven conoce a una chica y procura que una persona respetable de la comunidad --sus padres, parientes paternos o un amigo-- le haga el favor de trasmitir al padre de la pretendida el interés de él por casarse con ella. Si el padre de la joven acepta la petición se determina una fecha para realizar un acto público --fiesta-- para pedir la mano de la pretendida. Este acto se llama el omanglimosh y reúne a los familiares y amigos de los futuros esposos. Por lo regular se realiza una pequeña fiesta donde la comida tradicional y el festejo es lo predominante. En este primer acto el futuro esposo y su familia acuerdan, con el padre de la joven, cuanto será la dote o “pago” que este recibirá como compensación por la "pérdida" de la hija y por haber preservado su virginidad y pureza. La cuantía de la compensación depende de quién solicita casarse. Sí es alguien que tiene recursos considerables, de este mismo modo pagará y viceversa. De todos formas, el padre de un tercero que pone a su hija a bailar en medio de la fiesta, el que canta o que recita un poema, por ejemplo, en nombre del novio o de los familiares de él, contribuye, sin duda, a bajar el “precio” de la compensación a pagar por la novia, hasta llegar así a lo justo.

Realizada la actividad de pedir la mano se acuerda la fecha de la boda. El acto de casamiento es llamado por nosotros abíao. Este es una ceremonia donde participan los familiares y amigos de los grupos claniles o familiares comprometidos en este acontecimiento. La ceremonia es oficiada por una persona mayor. El sitio escogido es un pequeño club el cual es exuberantemente arregalado con flores y las mesas donde reposa la comida que ofrecerá el esposo o sus familiares está adornado con una variedad de frutas. El salón principal se dispone de tal manera que los hombres y mujeres asistentes al evento no pueden estar ubicados en un mismo sitio, sino separados. Ese rigor se mantiene de principio a fin durante la ceremonia. En el lado de los hombres va una bandera roja y en el de las mujeres una bandera blanca. Quien oficiará la ceremonia entregará a la futura pareja un pedazo de pan y sal como muestra de un gran porvenir. Los esposos en ciernes lo comen y mientras lo hacen, un Shero Rom, hablando en nuestra propia lengua, les dice cuales son sus obligaciones y hace un llamado para que se comprendan, tengan salud y puedan reproducir nuestra cultura a través de los hijos. Terminada esa pequeña ceremonia los padres de los esposos agradecen la presencia de los asistentes e invitan a compartir el acontecimiento al son de música tradicional.

La solidaridad al interior de nuestro pueblo es una constante, tanto en la alegría como en la tristeza. Esta parte del matrimonio termina con lo que se denomina dágo, lo cual se manifiesta en lo siguiente. Los asistentes depositan su colaboración en dinero en una pañoleta, la cual  en cada uno de sus extremos es tenida  por los esposos. Mientras cada asistente deposita en la pañoleta el dinero que cree prudente dar a los esposos como solidaridad por tal acto, pronuncia unas palabras en romanés, las cuales casi siempre hacen referencia a la salud, a la felicidad y al hecho que tengan buena suerte en el matrimonio. La sugerencia del aumento de la prole es ineludible, lo pequeño de nuestro pueblo así lo amerita.

Por último, un día después del abiao, el recién casado invita al  padre y familia de su esposa a una pequeña comida conocida como apachibo y que no es otra cosa que una celebración de agradecimiento por la confianza de haberle permitido casarse con un miembro de su familia. Esta es la ocasión en la cual se festeja y homenajea la virginidad de la mujer.

Los Gitanos evangélicos, al igual que los Gitanos católicos, consideran que el mito de Adán y Eva es el que le da orientación y sentido a su existencia como personas y como grupo. Sin embargo, consideran que su procedencia étnica y cultural se deriva de una de las doce tribus de Israel. Ello es una percepción de los Gitanos que comulgan con el protestantismo pero, histórica, sociológica y antropológicamente, no existe pertenencia étnica y cultural entre los Gitanos que nos pueda llevar a plantear esta consideración. Pensamos que este argumento no deja de ser una distorsión histórica y una interpretación equívoca de nuestro pasado.

Existe la necesidad de señalar que a diferencia de las Gitanas católicas, las Gitanas evangélicas no realizan la lectura de la mano ni ejercen la cartomancia, pues ello rompe con el código de comportamiento y enseñanzas que transmite a sus fieles estas denominaciones religiosas. En cuanto a los Gitanos evangélicos hay que señalar que muchos se están bautizando según los rituales de las iglesias, lo que los está llevando a tener una mirada crítica y a tomar distancia sobre ciertas prácticas tradicionales. Frente a los matrimonios tradicionales se podría pensar que hacia el futuro, quienes hacen parte de las iglesias evangélicas, no quieran realizar todos los rituales propios que demanda nuestra cultura por considerar que algunos contravienen las enseñanzas de sus respectivas denominaciones religiosas. Estos son, sin duda, grandes desafíos y retos que tendremos que enfrentar los Gitanos hacia el futuro y que sabremos resolver, seguramente, apelando a nuestros inigualables métodos alternativos de resolución de conflictos y donde la violencia queda excluida para tales fines y propósitos.

Entre los Gitanos el relato de la creación bíblica como expresión de nuestro origen no es el único ni el más importante. También subsisten importantes leyendas, cuentos y mitos que no sólo testimonian otras creencias sobre nuestra existencia, sino que son signos inequívocos de que existe una versión propia sobre nuestro origen y procedencia. El insumo a partir del cual los Gitanos explicamos nuestra creación ha sido el tiempo, por lo que siempre nos hemos considerados hijos predilectos de su devenir. Así, por lo menos, se desprende del siguiente relato tradicional:

“En el momento de la creación, o Del --Padre Creador--  quiso hacer a los hombres y mujeres a su imagen y semejanza, así cogió un montón de harina y agua, hizo una pasta y modeló pequeñas personas. Las colocó en el horno celestial para que se endurecieran pero por desgracia se distrajo con otra cosa y se olvido de ellas. Cuando regresó a sacarlas se habían quemado. Estos fueron los primeros seres humanos negros. Acto seguido o Del cogió más harina y más agua, dio forma a la mezcla y volvió a meter las figuras en el horno. Le preocupaba que pudieran quemarse, así que las sacó antes que estuvieran cocidas: de ella procede la primera gente blanca. Al tercer intento, decidió crear el tiempo y un reloj para asegurarse que la cocción durara lo justo, y cuando sacó las figuras del horno, estaban en su punto, perfectamente doradas. Este es el origen de los Rom”

En otro orden de ideas, dentro del conjunto de prácticas religiosas y creencias que existe entre nosotros se destacan las relacionadas con la lectura de la mano y la cartomancia; es decir, tratar de leer el pasado, el presente y predecir el futuro,a través del tarot o las cartas. Ellas son prácticas de carácter milenario y nos han caracterizado a los Gitanos por donde quiera que hemos estado. En Colombia es una actividad que desarrollan, preferencialmente, las mujeres no evangélicas.

La lectura de la mano consiste en que una mujer Gitana, vieja o joven, y entrenada larga y pacientemente en estos menesteres, trata de encontrar en el entrecruce de las líneas de la mano de una persona, que puede ser hombre o mujer, las ondas corporales, las sensaciones y energías que le puedan  determinar el conocimiento del pasado, presente más inmediato y una revelación del futuro. Esta lectura trata de ser integral, pues las lectoras de la mano procuran de interpretar el estado psicológico, de salud, de relaciones interpersonales, amorosas y económicas de la persona que accede a leerse la mano. Se puede decir que esta fase es una etapa diagnóstica y donde la Gitana procura determinar el estado general de quién ha accedido a realizarse la buenaventura. Durante la fase diagnóstica la Gitana le habla a la persona y le descifra lo que puede leer en las líneas de su mano. Al parecer cada línea de la mano, es decir, su morfología, presenta unos campos que determinan el área de la salud, el de la felicidad, el del bienestar y el de la economia, campos que son analizados y estudiados para determinar el cuadro general y sus rasgos de la personalidad.

Después de realizar la fase diagnóstica y de determinar el estado de la persona, la mujer Gitana pasa a realizar las aseguranzas y limpiezas correspondientes en la persona que hace la consulta. En razón de la problemática identificada, la Gitana recomienda un tipo especial de aseguranza (contra) la que sirve, según nuestra tradición, para proteger a las personas de la envidia, de los rencores, de las enfermedades o para  propiciar las buenas relaciones amorosas o para trascender las penurias económicas, entre otras cosas. Quien lee la mano entrega al individuo un amuleto llamado báyero, que es una pequeña almohada la cual puede contener partes vegetales y minerales preparados y conjurados según el diagnóstico que se haya realizado y con el cual se pretende resolver el problema identificado. Además del báyero la Gitana entrega al paciente una pepita rosada y otra negra del árbol de chochó, las que se recomienda llevar permanentemente en el cuerpo y sobre todo en el lado izquierdo. El báyero con estas hojas y las pepitas de chochó y pepino, sirven para atraer la buena salud y la suerte.

Entre las Gitanas otra manera de leer el pasado, el presente y el futuro de las personas es por medio de las cartas. En Colombia es utilizada más la lectura de la mano que este procedimiento, sin embargo, su utilización tiene una relativa importancia. En relación con la cartomancia algunas Gitanas prefieren utilizar una sola carta de naipe, lo que no deja de ser un ejercicio más dispendioso y un mayor esfuerzo por adivinar. Otras prefieren realizar la buenaventura recurriendo a la utilización de las cartas del tarot, pues consideran que es más fácil interpretar los 22 arcanos que estas presentan.

La cartomancia consiste, al igual que la lectura de la mano, en una técnica de contacto físico para adivinar pero, a diferencia de aquella, ésta procura interpretar no la energía física que existe en las manos sino la psíquica que el sujeto ha dejado en las cartas al barajar las mismas. Este, como el anterior, es un ejercicio psicológico que pretende determinar el estado integral de la persona. Al igual que el caso anterior esta es una etapa diagnóstica, la cual se convierte después en “curativa y protectiva” y cuyos insumos difieren muy poco del báyero y lo antes expuesto.

Entre los Gitanos existe otra manera de adivinar el tiempo y determinar las situaciones de índole sentimental, afectiva, amorosa, económica y social que enfrenta una persona. Esta ténica aparece asociada con habilidades especiales para la lectura de la suerte a partir de los pozos de café o la disposición en que quedan las hojas de té dentro de la taza, luego que la persona ha ingerido la bebida. La falta de contacto físico en esta forma de leer la buenaventura, no le permite identificar a la Gitana algunos aspectos energéticos, como en las cartas o en la mano, y desde donde se pueda realizar la lectura del pasado, el presente y el futuro de la persona que solicita los consejos y trabajos tradicionales. En virtud de ello quién realiza la lectura de la taza de café busca hallar símbolos que le permitan identificar la situación presente del sujeto en su integrabilidad, salud, suerte, dinero, etc, y  predecir su futuro. De acuerdo al problema que presente quién se echa la suerte así se le realiza las aseguranzas de rigor.

Hay que destacar, que para nosotros los muertos se constituyen en una parte importante y sacramental dentro del conjunto de nuestros ritos y creencias. Los familiares del muerto consideran que respetar la memoria del mismo garantiza al núcleo familiar un destino apacible y sin complicaciones. De algún modo creemos que respetar a los muertos incide de manera positiva en todas las actividades que cotidianamente enfrentamos: la salud, los negocios, la suerte, la vida en pareja… Una tradición importante que aún subsiste consiste en la realización de unas celebraciones llamadas por nosotros pomana. La pomana es una gran comida que se celebra en homenaje a los muertos y que se realiza a diferentes intervalos, generalmente a los nueve días, seis semanas, seis meses y un año, después de haber ocurrido el fallecimiento. En algunas ocasiones en la celebración de la pomana, los difuntos pueden ser representados por otra persona, ya sea por alguien de la misma edad o por alguien que era muy estimado o cercano a la persona fallecida. Esta persona que representa al difunto es vestida de manera similar a como lo hacía la persona muerta, es ubicada en el mejor lugar de la mesa y es atendida especialmente durante la comida. Con la realización de la pomana los Gitanos buscamos no sólo recordar a nuestros muertos, sino respetarlos para evitar que quieran tomar represalias contra los que les sobrevivimos.

Los amuletos y talismanes para preservar o atraer la buena suerte son muy comunes entre nosotros los Gitanos. Los llevamos siempre para prevenir las desgracias o para curar las enfermedades. Estos amuletos y talismanes nos ayudan también a protegernos de los muló o fantasmas , así como de las maldiciones.

Desde la concepción tradicional de los Gitanos las enfermedades se explican y obedecen a desequilibrios causados en el orden natural y social, producidos por la ruptura de códigos y patrones de comportamiento. Aquí cabría mencionar que el comportamiento puede ser puro, denominado vujo o whuzho o puede ser impuro o contaminado, llamado marimé. En términos sencillos podría decirse que el marimé es un recurso privilegiado de control social que tenemos los Gitanos para mantenernos cohesionados, ya que aquella persona marimé, tiene que rehabilitarse para evitar su exclusión.

De otro lado, es importante anotar que nosotros los Gitanos poseemos un profundo conocimiento sobre la utilización medicinal de diversas hierbas, partes de animales y minerales, que nos ha posibilitado desarrolar un complejo sistema de rituales curativos, sobre los cuales es poco lo que estamos autorizados a revelar a los gadye.

Pese a que hace cientos de años abandonamos nuestro lugar de origen y hemos estado recorriendo como nómades los territorios de muchos pueblos y culturas diferentes, hemos podido preservar incólumes nuestros más significativos valores identitarios. Esto sólo ha sido posible gracias a que los Gitanos poseemos un complejo sistema de conocimientos y saberes tradicionales que nos han posibilitado vivir en la diferencia, inmersos dentro de sociedades sedentarias y en no pocas ocasiones hostiles. A diferencia de otros pueblos tradicionales --y no occidentales-- que sustentan su cultura y su cosmovisión en su estrecha relación con el territorio, los Gitanos sustentamos nuestros saberes y conocimientos tradicionales en nuestra organización social.

Los Gitanos somos conocidos mundialmente precisamente por algunos de los conocimientos y saberes tradicionales que portamos. Entre estos se destacan los siguientes: conocimientos relacionados con artes adivinatorias --quiromancia, cartomancia…--; manejo de elementos químicos que facilitan la aleación y el trabajo de los metales; técnicas antiguas para el cuidado y amaestramiento de animales; conjunto de rezos, conjuros y otros conocimientos considerados como mágicos; saberes y prácticas médicas tradicionales; utilización de plantas, minerales y partes de animales con fines medicinales…y un largo etcétera. Estas prácticas y saberes ancestrales, más allá de estereotipos, evidencian formas distintas de accder al conocimiento y por consiguiente hay que validarlos y valorarlos.

Sin embargo, hay que recalcar que el patrimonio cultural de nuestro pueblo no se agota en los ejemplos anteriormente dados. El patrimonio cultural Gitano va mucho más allá. Aparece asociado a la cosmovisión, a la organización social, a la ley propia, a los parámetros de descendencia y filiación, a los ritos y ceremonias, a la itinerancia, a la fuerza de la palabra y la tradición oral, a las artes y oficios… en fin a esos valores que nos definen como Gitanos y nos distinguen de los demás pueblos y culturas. La itinerancia propia de nuestro pueblo hace suponer que nuestra cultura se encuentra permanentemente evolucionando y por ello hay que destacar que la propiedad cultural e intelectual del pueblo Gitano está conformada tanto por los saberes y conocimientos tradicionales como por los elementos y aspectos contemporeaneos que hemos apropiados culturalmente.

Finalmente, no resta sino llamar la atención en el hecho que, guardando una simetría positiva frente a planteamientos elaborados para otros pueblos, se podría argumentar que nuestro pueblo, en lo que respecta a sus conocimientos y religiosidad tradicionales, también tiene derecho a lo siguiente:

a. A practicar y revitalizar sus tradiciones culturales y costumbres.

b. A sus medicinas tradicionales y prácticas de salud.

c. Al reconocimiento de la plena propiedad, control y protección de su propiedad cultural e intelectual.

 

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